viernes, 3 de julio de 2009

CITAS DE LA ILIADA DE HOMERO



La correa que aguanta al escudo que cubre el soldado sudará en torno al pecho; la lanza fatigará el brazo y el corcel sudará cuando tire del sólido carro.


Siempre tienen los jóvenes el corazón muy voluble, pero si los preside un anciano, observando el futuro y el pasado, consigue para ambos lo más conveniente.


…pero yo que me glorío de ser el mas viejo de todos expondré lo que pienso de todo y no habrá quien desprecie lo que diga, ya ni Agamenón soberano siquiera.

(Néstor a Diomedes en la huida de Troya)


Una vez congregados, procura seguir el consejo del que opine mejor; necesario nos es uno bueno y prudente, ahora que juntos a nuestros navíos encienden tanta hoguera, más, ¿Quién estas cosas verá alegremente? Esta noche se habrá de salvar o arruinar el ejército.

(Néstor a Diomedes en la huida de Troya)


Puesto que a tantos hombres gobiernas y Zeus te ha entregado cetro y leyes para que protejas a tus súbditos. Debes, pues, exponer tu opinión y escuchar la de todos, aún seguir la de aquel que obedezca el impulso de su ánimo y algo bueno proponga, que a ti ejecutarlo te cumple.

(Néstor a Agamenón en la huida de Troya)



Cuando dos marchan juntos, si no es uno es otro el que advierte lo que es más necesario; cuando uno está solo, aunque piense, el espíritu es tardo y penosas las resoluciones.

(Diomedes a Néstor previos al combate)



Poco duele la flecha de un hombre que es vil y cobarde, muy distinto es el agudo dardo que arrojo; por poco que penetre, sin vida al que alcanza lo deja y su esposa llora y llena su cara de lágrimas y sus hijuelos quedan huérfanos, y él en la tierra, sangrando, se pudre y mas aves de presa hay sobre él que a su lado mujeres.

(Diomedes a Alejandro al ser herido por este en combate)


¡Dulce amigo! Si huir de la guerra pudiera librarnos para siempre de nuestra vejez y también de la muerte, no sería, en verdad, el primero en lanzarme al peligro, ni tu fueras conmigo a la lid donde el hombre se afana, pero como son muchas las clases de muerte que penden sobre el hombre, sin que él escapar o evitarlas consiga, vamos, demos la gloria a otro, o bien nos la den a nosotros.

(Sarpedón a Glauco)


Todo llega a saciar algún día, el amor como el sueño, el dulcísimo canto al igual que la danza agradable, cosas que se apetecen muchísimo más que la lucha, sin embargo, los teucros no quieren dejar el combate.

(Menelao a Zeus antes de dar muerte a Pisandro)


Embrazad los escudos más grandes y fuertes que haya en la hueste, y cubríos con yelmos de bronce brillante las cabezas, llevad en las manos las lanzas mas largas y avancemos.

(Poseidón a los aqueos)



Traman los dioses la destrucción de los mortales para que los venideros tengan algo que contar.


"Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles."


"Son los cobardes los únicos que en la refriega retroceden. El valiente, por el contrario, lucha a pie firme, ya hiera o ya sea herido."


"No advierte su mal el insensato hasta después que lo ha sufrido."


"Más fácil es a los valientes quedar salvos que muertos, mientras los cobardes ni se salvan ni consiguen gloria."


"Combatid con firmeza cerca de las naves, y si cae herido o muerto alguno de vosotros, no os apene, porque es dulce morir en defensa de la patria, y el que sucumba salvará además a su mujer, a sus hijos y a su patrimonio todo cuando los aqueos retornen a sus naves la querida tierra de sus mayores."


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